¿Quién le pone el cascabel al gato?

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Fábula de Samaniego: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Moraleja: Del dicho al hecho, hay mucho trecho. 

En una casa vivían muchos ratoncitos vivían muy felices, haciendo lo que querían. Se paseaban por la cocina y se comían todo el queso.

Pero un día, Tomás llegó a casa. Tomás era un gato muy famoso por ser buen cazador de ratones. Ningún gato se atrevía a asomarse en la cocina por temor a ser devorado. Muchos ratones que habían tratado de burlar su vigilancia, habían perecido en las garras de Tomás, el temible gato.

Los pobres ratones sobrevivientes ya no tenían para comer, y no podían buscar alimento por miedo al feroz gato, pasándose todo el día escondidos en sus ratoneras.

Un buen día, aprovechando que Tomás se fue a visitar a una linda gatita vecina, se reunieron para encontrar la forma de deshacerse del gato para siempre. Después de estar horas y horas pensando, un ratón pidió la palabra:

“Tengo la salida a nuestros problemas. Muchos hemos hablado en esta reunión pero a nada hemos llegado. Propongo que colguemos un cascabel al gato. Así cuando camine, hará sonar el cascabel y sabremos dónde se encuentra. Eso nos dará tiempo para ponernos a salvo.”

Todos los ratones estuvieron de acuerdo con la idea, y decían que tenía razón y que era una buena idea. Los ratones bailaron de alegría y se abrazaron. Cuando se tranquilizaron un rato después, el ratón más viejo y sabio preguntó: ¿Quién se ofrece a ponerle el cascabel al gato? Todos los ratones se miraban, para saber cuál sería el responsable de llevar a cabo tal tarea.

Un ratón pequeño dijo “Soy muy torpe, yo no puedo”. Otro dijo: “Yo no veo bien”. Al final no quedaron ratones que pudieran colocar el cascabel al gato. Después de aquella reunión cada ratón se fue a su madriguera.

 

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