La Ratita presumida

Moraleja de La ratita presumida

¡No juzques a nadie por las apariencias!

No hay que fiarse únicamente de la apariencia exterior de las personas. No hay que precipitarse a la hora de tomar una decisión. Las personas son lo que son, no por lo que aparentan o tienen. No hay que valorar demasiado lo exterior de las personas.

Autor de La ratita presumida

Charles Perrault

Valores de La ratita presumida

Humildad.

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Cuento: La ratita presumida

En un bonito pueblo había una casita que tenía fama por ser la más limpia y reluciente. En ella, vivía una simpática ratita que era muy, pero que muy presumida.
Un día, mientras barría la puerta de su casa, la Ratita vio algo en el suelo:

-¡Qué suerte, si es una moneda de oro! Me compraré una cinta de seda para hacerme un lazo. Entonces se fue a la mercería del pueblo y se compró el lazo más bonito.

-Tra, lará, larita, limpio mi casita, tra, lará, larita, limpio mi casita! cantaba la Ratita, mientras salía a la puerta para que todos la vieran.

– Buenos días, Ratita dijo el señor Burro. Todos los días paso por aquí, pero nunca me había fijado en lo guapa que eres.

– Gracias, señor Burro dijo la Ratita poniendo voz muy coqueta.

– Dime, Ratita, ¿te quieres casar conmigo?

– Tal vez – respondió la ratita -. Pero ¿cómo harás por las noches?

-¡Hiooo, hiooo! bufó el burro soltando su mejor rebuzno.

Y la Ratita contestó:

-¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás!

Se fue el Burro bastante disgustado, cuando, al pasar, dijo el señor Perro:

-¿Cómo es que hasta hoy no me había dado cuenta de que eres tan requetebonita?. Dime, Ratita ¿te quieres casar conmigo?

– Tal vez, pero antes dime: ¿cómo harás por las noches?

-¡Guauuu, guauuu!

-¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás!

Mientras, un Ratoncito que vivía cerca de su casa y que estaba enamorado de ella veía lo que pasaba. Se acercó y dijo:

-¡Buenos días, vecina!

-¡Ah!, eres tú! dijo sin hacerle caso.

-Todos los días estás preciosa, Pero hoy más.

-Muy amable, pero no puedo hablar contigo porque estoy muy ocupada.

Después de un rato pasó el señor Gato y dijo:

-Buenos días, Ratita, ¿sabes que eres la joven más bonita? ¿Te quieres casar conmigo?

-Tal vez dijo la Ratita-, pero ¿cómo harás por las noches?

-¡Miauuu, miauuu! contestó con un dulce maullido.

-¡Contigo me quiero casar, pues con ese maullido me acariciarás!

El día antes de la boda, el señor Gato invitó a la Ratita a comer unas cuantas golosinas al campo, pero mientras preparaba el fuego la Ratita miró en la cesta para sacar la comida, y…

-¡Qué raro!, sólo hay un tenedor, un cuchillo y una servilleta; pero ¿dónde está la comida?

– ¡La comida eres tú! dijo el Gato, y enseñó sus colmillos.

Cuando iba a comerse a la Ratita, apareció el Ratoncito, que, como no se fiaba del Gato, los había seguido hasta allí. Entonces, cogió un palo de la fogata y se lo puso en la cola para que saliera corriendo.

-Ratita, Ratita, eres la más bonita – le dijo el Ratoncito muy nervioso. ¿Te quieres casar conmigo?

– Tal vez, pero ¿cómo harás por las noches?

– Por las noches dijo él-, dormir y callar.

– Entonces, contigo me quiero casar.

Poco después se casaron y fueron muy felices.

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