Doña Truhana

Cuento de Doña Truhana

Moraleja de Doña Truhana

En las cosas ciertas confiad y las fantásticas evitad

Valores de Doña Truhana

Cuento similar al de La lechera. Avaricia, riqueza.

Lee el cuento Doña Truhana

Vídeo del cuento: Doña Truhana

Cuento: Doña Truhana

Lo que sucedió a una mujer que se llamaba doña Truhana

Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:
– Patronio, un hombre me ha propuesto una cosa y también me ha dicho la
forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas ventajas que, si con la
ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran utilidad y provecho, pues los
beneficios se ligan unos con otros, de tal forma que al final serán muy
grandes.
Y entonces le contó a Patronio cuanto él sabía. Al oírlo, Patronio contestó al
conde:
-Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que el prudente se atiene a las
realidades y desdeña las fantasías, pues muchas veces a quienes viven de ellas
les suele ocurrir lo que a doña Truhana.
El conde le preguntó lo que le había pasado a ésta.

-Señor conde -dijo Patronio-, había una mujer que se llamaba doña Truhana,
que era más pobre que rica, la cual, yendo un día al mercado, llevaba una olla
de miel en la cabeza. Mientras iba por el camino, empezó a pensar que
vendería la miel y que, con lo que le diesen, compraría una partida de huevos,
de los cuales nacerían gallinas, y que luego, con el dinero que le diesen por las
gallinas, compraría ovejas, y así fue comprando y vendiendo, siempre con
ganancias, hasta que se vio más rica que ninguna de sus vecinas.

Luego pensó que, siendo tan rica, podría casar bien a sus hijos e hijas, y que
iría acompañada por la calle de yernos y nueras, y pensó también que todos
comentarían su buena suerte pues había llegado a tener tantos bienes aunque
había nacido muy pobre.
Así, pensando en esto, comenzó a reír con mucha alegría por su buena suerte
y, riendo, riendo, se dio una palmada en la frente, la olla cayó al suelo y se
rompió en mil pedazos. Doña Truhana, cuando vio la olla rota y la miel
esparcida por el suelo, empezó a llorar y a lamentarse muy amargamente
porque había perdido todas las riquezas que esperaba obtener de la olla si no
se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en fantasías, no pudo
hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.
Vos, señor conde, si queréis que lo que os dicen y lo que pensáis sea realidad
algún día, procurad siempre que se trate de cosas razonables y no fantasías o
imaginaciones dudosas y vanas. Y cuando quisiereis iniciar algún negocio, no
arriesguéis algo muy vuestro, cuya pérdida os pueda ocasionar dolor, por
conseguir un provecho basado tan sólo en la imaginación.
Al conde le agradó mucho esto que le contó Patronio, actuó de acuerdo con la
historia y, así, le fue muy bien.

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